Abrazar el Misterio – Eucaristía pt. 1

Hemos concluido la liturgia de la palabra con la oración de los fieles y continuamos con la segunda parte de la Misa—la Liturgia de la Eucaristía.

Este proceso comienza con el ofertorio. Durante el ofertorio se está preparando el altar, se hace la procesión del pan y vino, y la colecta está sucediendo casi todo al mismo tiempo.  Les invito a que nos detengamos en estas tres cosas que muchas veces fallamos en realmente experimentar.

El altar se prepara; la Eucaristía también solemos llamarla el banquete del Señor. Este banquete como todos los banquetes une a las familias en un alimento rico. Por eso la preparación del altar está hecho con tanto detalle y con significado. Lo que sucede en este banquete, lo que está en el menú va mucho más allá de nuestras satisfacciones terrenales, este algo o más bien este Alguien nos va nutrir el alma.

La procesión del pan y vino; se acostumbra que una pareja o una familia que celebre algo ese día presente el pan y vino al sacerdote. Estas personas simbolizan a todos nosotros. En este momento, el celebrante acepta lo que ofrecemos; estamos presentando a Dios los frutos de nuestro trabajo representado en el pan y vino. Es el deseo de nuestros corazones que Dios tome estos frutos y los multiplique conforme a su voluntad.

La colecta; en las primeras comunidades cristianas los feligreses presentaban vino y pan traído de casa como ofrecimiento. Ahora el pan y vino son comprados, pero aún tenemos la oportunidad de ofrecer algo de nosotros a Dios. En la mayoría de los casos se pasan varias canastas que pasan recogiendo nuestros ofrecimientos. Dando dinero en la colecta es un simbolismo, pero manera muy concreta de entregarle a Dios nuestra seguridad y riqueza humana nos ayuda a representar que la única riqueza en la cual queremos participar es en la riqueza de Dios, que es todo lo opuesto a la riqueza del mundo.  Al mismo tiempo de manera práctica estamos colaborando para que nuestra parroquia siga funcionando, ya que los gastos son más de lo que solemos asumir.

Ya que el sacerdote recibe las ofrendas hace una oración para que este ofrecimiento sea aceptable para Dios. En toda la historia de la salvación podemos ver como hay ofrecimiento y sacrificios que Dios no mira como aceptables especialmente aquellos dados de hipocresía. Pablo le dirá a los corintios lo siguiente: “presenten sus cuerpos como un sacrificio santo y aceptable para Dios, quien es tu adoración.” (Romanos 12:1) Específicamente le pedimos a Dios que este sacrifico le agrade, para gloria de Su nombre, por nuestro bien y por el bien de toda su santa iglesia. Esta respuesta es mucha más profunda de lo que pensamos ya que Dios no toma ninguna de nuestras peticiones a la ligera. No solo estamos intercediendo por nosotros, sino por nuestra familia, nuestras comunidades y por la salvación de todo el mundo.

Estas tres cosas en general (me salte varias cosas) son la que nos van preparando para el momento donde llega el Señor en la Eucaristía. En el próximo blog entraremos en detalle sobre las oraciones eucarísticas y la transubstanciación. Estamos llegando al momento sublime de la Misa el momento donde Cristo literalmente se hace uno con tú y yo.

Joandra Mendoza – Writer, unparalled love

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