Por Ti

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¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya! 

Estoy vivo porque Él vive! 

Al tercer día Él resucitó de entre los muertos. El mayor acto de amor que jamás se ha hecho. Dios nos amó tanto que envió a su único hijo para salvarnos. La belleza de la respiración final de Cristo en la tierra es que nos dio nuestro primer aliento en el cielo. ¡Cuando Cristo sopló su última en la tierra, respiramos nuestro primer aliento! La muerte no declara victoria sobre nosotros. Con su resurrección, hemos sido creados libres. 

Sí hemos sido creados libres para ser auténticamente feliz. Pero, ¿cómo podemos ser felices y libres? Dios nos quiere. ¡Él nos quiere! Él quiere lo que realmente sos. Él te elige ahora, todos los días él te elige! A vos personalmente. ¿Y qué quiere él de nosotros? Quiere el alma nuestra. Él quiere el amor de sus hijos. El deseo más profundo de Dios es sanarnos de estas heridas y unirnos más con la pasión de Cristo. A través de Cristo muriendo a sí mismo y sufriendo por nuestros pecados, hemos sido salvados y ahora, en la imagen de Cristo mismo. 

 ¡Qué bendición que Dios quiere que estemos más Unidos con nuestro Salvador, Jesucristo! Te busca porque él te hizo!!! Él nos llama a cada uno de nosotros por nuestro nombre, como cuando Mary Magdalena salió a buscarlo a su tumba después de su muerte, pero ella no encontró nada, ningún cuerpo, ningún maestro, se puso a llorar hasta que…

«Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quien buscas?» Ella, pensando que era el encargado del huerto, le dice: «Señor, si tú lo has llevado, dime donde lo has puesto, y yo me lo llevaré.» Jesús le dice: «María.» Ella se vuelve y le dice en hebreo: «¡Rab-bo’ni!» Juan 20:15-16 

 Literalmente podemos oír el amor y la dulzura en la voz de Jesús cuando le dice su nombre. Él no le explica nada solo quiere que escuche su nombre y simplemente estar allí, a aceptar su amor. 

¡Él nos llama por nuestro nombre, un momento íntimo personal con él! ¡Vamos a buscarlo para que podamos reconocer a nuestro maestro y dejar nuestras lágrimas de pérdida completarse con lágrimas de alegría!; Entre María y Jesús hay una sed grande de diálogo. Jesús a María y María a Jesús. Es nuestro anhelo más profundo ser llamado por nuestro nombre y descansar en sus abrazos.  

Puedo descansar en Dios, confiada que él me comprende mejor que yo misma y que él me ama. ¡Dice mi nombre! ¡Mi nombre! Esto no es sólo una invitación general; Cuando pienso lo que quiero, sé que es esto: una invitación a conocerme totalmente, para ser amada completamente. Él tiene un plan hermoso e íntimo para cada uno de nosotros, y todo lo que tenemos que hacer es decirle sí y permitir que su gracia transforme nuestras vidas. 

La resurrección de Jesús hace que la historia de la salvación tenga sentido y nuestra fe tener sentido. Y todo comenzó con la Cruz. Oren por mí como yo oraré por ustedes para que podamos tomar la Cruz cada mañana dispuesta a servir a nuestro Dios. ¡Que Dios los bendiga, y permítele que te amé en maneras que nunca pensaste posible! 

«Fe en la resurrección de Jesús dice que hay un futuro para cada ser humano; el grito por la vida sin fin que forma parte de la persona de hecho es respondido.” (Papa Benedicto XVI, Benedictus, 128)

 

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