A Jesús por María 

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No siempre he tenido una gran devoción a la Virgen María. Al ir creciendo, yo sabía quién era ella, y oraba el Dios Te Salve María, pero eso era todo en cuanto a mi relación con ella.

No fue hasta en los talleres de Oración y Vida, el libro “El silencio de María” del padre Ignacio Larrañaga y finalmente este fin de semana pasado, donde pudimos experimentar todo el retiro sólo hablando de María que ha tocado mi corazón de una manera personal. Todo ello en conjunto sólo me hizo comprender que María fue tan humana como vos y yo. Ella tiene los mismos sentimientos y emociones igual como los tenemos todos.

La cuaresma está llegando a su fin este año, quiero envolver mi cabeza alrededor de esta increíble mujer que dice “sí” — sin importar el costo. Ella dijo “sí” con absoluta fe en Dios. Ella dijo que sí porque confía en su plan aunque ella tenía su propios.

María es la mujer que estaba con Jesús desde el primer día, quien lo educó, y quien cuidó de él en tiempos buenos y malos. Ella estuvo allí hasta el final, a través de su ministerio, pasión, muerte y resurrección.

A través de su testimonio vívido de estar allí y ver todo lo que estaba sucediendo, sabiendo que él era un hombre bueno, sabiendo que era su hijo, pero él también estaba aquí para una misión, la misión más grande de todas, la cual era acercarnos al corazón de Dios. Sólo puedo imaginar cuánto dolor fue ver a su hijo y como lo habían dejado pero ahí estaba, a los pies de Jesús en la cruz.

Pero lo más loco para mí es tratar de comprender que María estaba allí a través de todo sin dudar su SÍ. Y eso para mí es un gran mensaje!!!

Está diciéndome que no dude del plan de Dios aún si todo es confuso y no entienda por qué pasa.
Está diciéndome que esté a Sus pies porque siempre hay esperanza dentro de Él.
Está diciéndome que si la madre del hijo de Dios estaba allí en medio de todo esto y que aun con gran dolor y tristeza siempre va a ver consuelo.
Está diciéndome que agarré mi cruz y camine con ella aún si parece demasiado grande para mí.

Me da un sentido de tranquilidad.

¡Ahora que nos preparamos para entrar en Semana Santa, hagamos eso… estemos a los pies de Jesús como María! No solamente para consolarnos a nosotros mismos también para consolar otros, justo como lo hizo María.

En pocas palabras, nuestra Santísima Madre María es una luz en la oscuridad, de la calma en medio de la tormenta, y un ejemplo de gracia. Ahora sé quién es María en mi corazón y no sólo a quién es ella. Mi relación con ella es personal.

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Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.
Santa María, Madre de Dios,
ruega por nosotros, pecadores,
ahora y en la hora de nuestra muerte.
Amén

Claudia Navichoque – Writer, uparalleled love

 

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