El Llanto

Hay demasiado sufrimiento en el mundo. Hay familias separadas por guerra, odio y por ambición egoísta. Cada día nos ofrecen las estadísticas de cuántos fallecidos hay porque no tienen la libertad de profesar su fe o pensamientos y simplemente vivir. Los medios masivos de comunicación nos presentan la magnitud del dolor. El dolor inmenso del cual la mayoría de nosotros no conocemos realmente. Es la muestra pura del mal corrompiendo al más vulnerable, es decir, al pobre.15966935_10211367971264338_485324535_o

En los últimos meses, he sentido enojo. Enojo hacia Dios y Él lo sabe. Tenemos una relación en la cual le presento todos mis sentimientos y emociones. Este enojo proviene de mi falta de entender cómo es posible qué tanto sufrimiento pueda existir. Aunque existía este enojo, siempre fue importante para mí demostrarle al Señor que confío en Él. Sea lo que sea, antes de todo confío en Él. Esta ha sido mi oración por varios meses y hasta recientemente me he dado cuenta de algo, algo que Él necesita que yo entienda.


Yo sentía culpa. Sentía que mis oraciones eran inútiles mientras el dolor y la indigencia continuaban. Sentía como si no merecía buscar cumplir mis sueños mientras otros no tendrán la oportunidad de hacerlo. Sentía culpa de regocijar todos los días. La culpa estaba conmigo y sentía que debía hacer más. Sentía que debía donar o ser voluntaria, sentía que debía actuar.

Un día en mis oraciones no podía vocalizar. Su voz fue mayor a la mía y en el silencio recibí la claridad. Aunque tardé algunas semanas para realmente entender lo que Él me quiso hacer entender finalmente lo logré:

La misión está dentro de mí. El llanto del dolor y la indigencia está aquí en mi vecino, es decir, está aquí mismo. Ya entendí que lo más fácil es ignorar el llanto explícito que existe enfrente de mí. La culpa que sentía en el momento fue de una necesidad que tenía de servir. Pretendo que jamás me sienta saciada hasta que vea a Dios frente al frente y seguiré orando para nunca perder esta necesidad, dolor y hambre de servir a las necesidades de mi prójimo. Esto no significa que esté realmente preparada para servir las necesidades de los demás, pero sí El confía en mí, me preparara para lo que Él necesita. Lentamente me he empezado a convencer a no sentir culpa y aceptar el hecho de que simplemente tengo hambre. 13007273_10208712883197399_708976562619941631_nTengo hambre de compartir el mensaje de misericordia y amor que algún día fue compartido conmigo.


No te sientas obligado a salir al extranjero para cumplir tu misión. Hay una misión importantísima en frente de nosotros y realmente es grande. Los que son considerados vulnerables por ingreso generalmente tienen sus prioridades en orden a comparación de nosotros que somos los vulnerables de espíritu. No se trata de contradecir a los que toman el reto de ser caritativos con su dinero o sus viajes. Simplemente quiero crear conciencia que si alguna vez sientes que no haces lo suficiente o te sientes inútil y lleno de culpa, búscalo a Él, Él tiene la respuesta.

Yo soy voz del que clama en el desierto:Rectificad el camino del Señor. Juan 1,23

Joandra Ocampo – Writer, unparalleled love

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